Vacunas, Mitos y Realidades (… 3a Parte)

vaccines3Vacunas, Mitos y Realidades (…3ª Parte)

Hace unos días, ha sido noticia la aparición de un caso de difteria en Cataluña. Dado que el niño afectado no estaba vacunado por decisión de sus padres, el asunto ha traído nuevamente a primer plano, la cuestión de las ventajas e inconvenientes de la vacunación sistemática, y también sobre la potencial obligatoriedad de la misma.

Como ya he comentado en un post anterior, esto ha movido a la prensa, a hacerse eco del asunto de la forma que le es propia, esto es creando notoriedad y produciendo titulares espectaculares.
Uno de los más llamativos, apareció ayer en la cabecera de El Mundo, edición digital  , donde una familia explicaba su reticencia “justificada” a las vacunas, porque una de ellas había sido responsable que uno de sus hijos quedara “tetrapléjico”.
En la fotografía se ve a una familia de aspecto muy agradable, y el padre sostiene a un hijo en sus brazos, a quien en el texto se describe con el problema con el que luego falleció. Estas personas argumentan enfáticamente “que ellos no son unos frikis ecologistas”, por lo que su rechazo a las vacunas tendría unos fundamentos racionales impecables.

Relatan que enviaron una “muestra” de la vacuna hexavalente a “un laboratorio de Estados Unidos”, donde detectaron que tenía mayores cantidades de Aluminio que las estipuladas en el prospecto, que además su hijo era “intolerante a los metales”, lo que “demostraba” la relación de causalidad que apuntaba a la vacuna como productora de su problema neurológico.

Todo esto viniendo de gente educada, de buen aspecto, que ha sufrido una pérdida tan dolorosa, que se han enfrentado a una gran estructura empresarial, que han perseguido animosamente al agente culpable de la horrible situación, para por fin descubrirlo, todo esto como digo genera simpatía hacia ellos,…pero.

Lo primero es algo que me resulta intolerable desde mi posición profesional. Desde hace cuarenta años, yo trato con familias de toda laya y condición. Pobres, ricos, negros, blancos, cristianos, musulmanes, payos, gitanos, abogados leguleyos y pintores cósmicos, racionalistas a ultranza, testigos de Jehovah y budistas, naturistas, macrobióticos, veganos, convencionales y antiguos hippies.

Pero siempre he creído que cada persona busca la verdad a su manera, y actúa para sí y para los suyos con la mejor buena intención. Y que mi función no es juzgar a nadie ni erigirme en el dueño de la verdad.

Lo mío es dar información de calidad al que la requiera, y aclarar aquellas cosas en las que creo que las personas tienen expectativas erróneas. Lo de “friki”, sugiere que estas personas entienden que sus argumentos tienen mas peso o validez que otros.

Y aunque como en “El Principito”, los descubrimientos del astrónomo turco no eran igual de valorados cuando hablaba vestido con su ropa tradicional que con traje y corbata, parece que los de esta familia, sin ser nada novedosos, tienen algun merecimiento especial que los hace acreedores de una cabecera periodística tan inquietante.

Ahora hablaremos de ellos, pero también sorprende que se contraponga sin mas sentido crítico, las afirmaciones no contrastadas de estas personas, con las de profesionales de la medicina, cuyas afirmaciones surgen de extensísimos estudios y rigurosos cotejos. Esto debe ser la tan maltratada “equidistancia” argumental.

Analicemos lo que nos dejan “los hechos” mencionados en esta “noticia”:

– Los padres mencionan a la vacuna Infanrix Hexa como causante del problema de su hijo. Y lo atribuyen al “contenido de Aluminio”, y que “una muestra tenía entre el 20 y el 200% mas que lo prescrito”.

Las vacunas se procesan por “partidas” o “lotes”, precisamente para aislar una determinada cantidad en caso de problemas. Aquí no se aclara si se trataba del mismo lote de su hijo, y que siendo “una muestra”, la determinación de Aluminio oscile en un rango de 10 veces. Pero pongámonos en lo peor, la cifra es cierta, y fue precisamente la vacuna que recibió el niño.

– El Aluminio tiene una presencia muy abundante en el ambiente por una enorme cantidad de fuentes que nos rodean, naturales y elaboradas por el hombre.

– El Aluminio entra constantemente en nuestro cuerpo, y se acumula en algunos tejidos. Su eventual toxicidad esta en relación con la dosis, y esta tiene relación con la forma y el ritmo de entrada.

– Muchos alimentos de una dieta normal, los contienen. Dado que es mas soluble en medios ácidos, las verduras y hortalizas que crecen en tierras ácidas, lo absorben en mayor cantidad. Lo mismo si utilizamos aguas “blandas” para consumir.

– Pero, por ejemplo tomar infusiones de hojas de té, preparadas con agua blanda en un recipiente de aluminio, y luego agregándole limón, aumentaría sustancialmente la dosis.
– Los antiácidos neutralizantes tiene cantidades muy grandes de Aluminio, del orden de Gramos.

Cantidad de Aluminio en mg
Leche Materna 0.04 miligramos por Litro (mg/L)
Agua de lagos  y ríos 0.1 mg/L
Leche de Fórmula 0.225 mg/L
Leche de Soja p/bebés 0.46 to 0.93 mg/L
Aspirina “recubierta” 10 to 20 mg/tablet
Antiácido 104-208 mg/tablet

– Las intoxicaciones que se han descrito lo han sido por el ingreso MASIVO de Aluminio al organismo (“masivo” significa aquí de muchos GRAMOS). Esto ha ocurrido en enfermos renales crónicos durante su diálisis, en que al intercambiar decenas de litros de fluídos con su sangre, durante horas, se han acumulado niveles tóxicos, produciendo cuadros confusionales, parestesias, llegando hasta las convulsiones.

– También existe la posibilidad que con dosis moderadamente elevadas de forma crónica, se produzcan alteraciones en la formación de células de la sangre, o del metabolismo óseo.

Las vacunas como fuente de Aluminio.

Contenido de Aluminio en Vacunas
Vacuna Neumocóccica 0.125 mg/dosis
Vacuna Difteria-tetanos-pertussis acelular (DTaP) < 0.17 to < 0.625 mg/dosis
Vacuna Haemophilus influenzae typo b (Hib) 0.225 mg/dosis
Vacuna Hib/ Hep B 0.225 mg/dosis
Vacuna Hepatitis A  (Hep A) 0.225 to 0.25 mg/dosis (niños)
0.45 to 0.5 mg/dosis (adultos)
Vacuna Hepatitis B (Hep B) 0.225 to 0.5 mg/dosis
Vacuna Hep A/ Hep B 0.45 mg/dosis
Vacuna DTaP/ polio inactivada/ Hep B < 0.85 mg/dosis
Vacuna DTaP/polio inactivada/Hib 0.33 mg/dosis
Vacuna Papilomavirus Humano (HPV) 0.225 mg/dosis
Vacuna Encefalitis Japonesa (JE) vaccine 0.25 mg/dosis

Un adulto recibe en promedio por día con su dieta normal unos 7 mg  de Aluminio.

Todas las vacunas administradas a un bebé hasta los 6 meses, suman 4,4 mg de Aluminio en forma de sales adyuvantes (para mejorar la conservación y la respuesta inmunitaria).

Una dosis de vacuna nunca tiene mas de 1 mg (aun con el el “200% mas” es el doble, o sea 2 mg).

Si el mismo bebé toma pecho, habrá recibido a través de la leche materna unos 7 mg de Aluminio en ese mismo período de 6 meses.

Si tomara biberón de fórmula, recibirá aprox. 38 mg de Aluminio. Y si la fórmula es de Soja, unos 117mg de Aluminio.

Si bien es cierto que la sensibilidad a la intoxicación por Aluminio depende de una cierta predisposición individual, ello tiene que ver con los niveles de seguridad, pero no existe la mencionada “intolerancia a los metales” en el contexto de lo que se describe. Desde ya una alergia a determinados metales no produce síntomas neurológicos de esa naturaleza.

¿Que fue lo que le pasó a este niño probablemente?

El sistema inmunitario humano es extremadamente eficiente para identificar proteínas “extrañas” y distinguirlas de las propias. A las últimas las acepta, y a las primeras las procesa y las incluye en un “registro” de sustancias ajenas.

A partir de aquí, aparece una progenie de células que se encargan de reaccionar contra dichas sustancias cada vez que hacen acto de presencia, y poner todos los medios para destruirlas o neutralizarlas.

Esto suele significar la muerte de agentes infecciosos o parasitarios potencialmente peligrosos, o incluso la tolerancia hacia determinados tóxicos. Pero en ciertas situaciones, el mecanismo de distinción entre lo “propio” y lo “extraño” falla por diversos motivos, y el sistema inmunológico monta una reacción destructiva contra las propias estructuras del organismo, sus células o componentes.

Estas reacciones se conocen genéricamente como de “auto-inmunidad”, y son responsables desde enfermedades de intensidad y duración moderada, hasta cuadros graves tanto prolongadas y tenaces como de aparición cataclísmica y mortal.

Una de las razones por las que el sistema inmunológico puede confundirse es que nuestras proteínas sean parcialmente alteradas por la acción de determinados agentes infecciosos, lo que determina que una vez desaparecidos éstos, el sistema defensivo continúa “atacando” a tejidos propios como si fueran ajenos.

Otras veces, la persona afectada presenta unas características genéticas específicas que predisponen a su sistema inmune a reaccionar exageradamente y por tanto facilita los “errores” antes mencionados.

Estas personas constituyen un colectivo muy susceptible a las enfermedades inflamatorias y degenerativas dependientes de estos mecanismos.

Estas “inflamaciones exageradas e inoportunas” producen el Lupus Eritematoso, ciertas artritis, tiroiditis, la diabetes tipo I, la celiaquía, la enfermedad inflamatoria intestinal, glomerulonefritis, etc. De acuerdo al tejido o sistema que ataquen con predilección será la enfermedad producida.

Cuando los tejidos mas afectados por la reacción inflamatoria están en el sistema nervioso, se producen cuadros neurológicos muy variados en severidad y duración: Encefalitis y enfermedades “desmielinizantes” en general.

Desde hace muchos años, se conoce una entidad llamada Polirradiculoneuritis, o Síndrome de Guillain-Barré. Este es un cuadro de instalación gradual, en que el niño va perdiendo progresivamente la sensibilidad y la aptitud motora.

Puede afectar a parte de los miembros o a todo el cuerpo, llegando hasta paralizar la respiración. Puede resolverse en días, meses, o dejar secuelas permanentes, llegando hasta comprometer la vida, aún tomando todas las medidas pertinentes.

Se considera que el mecanismo que “desencadena” la reacción inflamatoria contra nuestro propio sistema nervioso, se inicia con una infección de algunos gérmenes mas o menos específicos (aunque son muchos los supuestamente implicados), actuando con la “complicidad involuntaria” del sistema inmune, en particular el de algunas personas predispuestas a dichas reacciones.

La supuesta infección “desencadenante” debe ocurrir días o semanas antes del comienzo clínico de la enfermedad.

Cuando un niño ha recibido una vacuna dentro de este período mas o menos “sensible”, dicha situación se apunta como posible desencadenante, aunque las evidencias directas sean absolutamente débiles. Es extraordinariamente difícil demostrar una relación causal con un agente determinado, salvo que se detecten en una biopsia de tejido nervioso.

En cualquier caso, las vacunas de la clase que sean, pese a lo que se suele creer, no constituyen ni de lejos un estímulo inmunológico comparable al de un agente infeccioso “salvaje”. A lo sumo podría ser similar, pero los gruesos libros de Enfermedades Infecciosas se escriben sobre las acciones perjudiciales CAUSADAS por los agentes infecciosos, mientras que el libro sobre las consecuencias inmunológicas de las vacunas es apenas un pequeño folleto de simples sospechas de incidentes ASOCIADOS con ellas.

En resumen, me atrevo a la hipótesis que ese niño sufrió una forma excepcionalmente severa de este tipo de encefalopatía “post-infecciosa”, asociada a una infección previa por los habituales responsables (Campylobacter, Citomegalovirus, Epstein-Barr, Mycoplasma, Enterovirus, Influenza, Herpes, Chlamydia, etc.)

Pero aun asumiendo (que es mucho asumir), que la vacuna en cuestión hubiera sido el desencadenante (¡¡nunca el Aluminio!!), su “responsabilidad” no hubiera sido mayor de la de cualquiera de esos agentes.

Y la experiencia demuestra que la asociación de las vacunas con estos episodios es noticiable precisamente por lo excepcional.

Carlos Loeda

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