Un Maestro hablando de Judo

UN MAESTRO HABLANDO DE JUDO

El deporte es una actividad imprescindible para el desarrollo infantil. Y el judo es el mas apropiado para servir de iniciación, y eventualmente como práctica regular durante todas las etapas formativas. Tengo el honor y  el privilegio de contar con el Maestro: Sensei José Alberto Valverde Mordt. Un verdadero “Maestro de Maestros” de Judo.  Ha formado a centenares de cinturones negros y a varias decenas de profesores y entrenadores, que a su vez han entrenado a varios  campeones europeos, mundiales  y olímpicos, que dan gloria  con sus nombres y apellidos a calles y avenidas de la ciudad de Alicante. Su amplio  y merecido reconocimiento, incluído el 8º dan desde 2010,  no ha reducido ni un ápice su empeño y dedicación cotidiana a la tarea educativa con los mas jóvenes y neófitos, durante mas de cincuenta años.  Desde los pioneros años 60, en que introdujo la enseñanza del judo en Alicante, no ha cesado de crear escuelas, donde luego continuaran la tarea sus discípulos.  Actuando en todos los ámbitos, nacionales e internacionales,  para divulgar su práctica y reivindicar sus valores.  Conocí a Alberto hace mucho tiempo a través de mis hijos, pero he comprendido su dimensión humana a través de los hijos de los demás, padres de niños a los que  he recomendado el judo.

  Aquí esta su opinión:

JUDO EDUCATIVO

Por José Alberto Valverde Mordt

Valverde Los éxitos que constantemente obtienen los judokas alicantinos en campeonatos de la máxima importancia, desde los juegos olímpicos hasta los últimos torneos de la gira europea, campeonatos federados o los juegos escolares que se desarrollan durante el curso, hacen que se conozca más el aspecto competitivo del judo que el educativo. Sin embargo, la bandera representada por los grandes campeones conduce a mucha gente a tomar interés por el judo como práctica regular de un ejercicio que tiene bastante más trascendencia que la simple consecución de medallas.

La faceta educativa del judo es perfectamente equiparable, por los beneficios que aporta, a la educación física moderna. El judo, además, puede utilizarse como nexo de unión entre la vida escolar y la social, entendida en el sentido adulto, que implica que el individuo dependa únicamente de sí mismo.

El ser humano tiene un cuerpo concebido para la autonomía física y su instinto lo empuja en esta dirección. La educación que recibe, a través de sus padres y del colegio, pretende su integración en la sociedad. La afirmación de su personalidad individual y su ajuste en el grupo social, son dos polos que el niño y luego el adolescente tienen que equilibrar. La necesidad de esta afirmación es lo que pone en funcionamiento a esa máquina humana que solamente madurará si se somete a pruebas en todos los sentidos.

La educación física ofrece el deporte como campo de ensayo y, curiosamente, en los encuentros deportivos vemos muy a menudo como lo que se supone que es un juego se transforma en pelea, malos modos, y broncas de mal estilo. Esto, que no tiene motivo aparente, es el reflejo de una reacción contra las normas que están creadas por los adultos para frenar los instintos. Por eso es deseable encontrar un modo de provocar esa fuerza, bajo control, para canalizarla y conducirla hasta lo que llamamos el equilibrio personal.

La pregunta sería: ¿qué disciplina puede liberar de forma equilibrada esa fuerza?.

Necesitamos un ejercicio que permita el encuentro directo, cuerpo a cuerpo, y que facilite la colaboración de los individuos entre sí. Los deportes de equipo parecen conciliar ambas cosas. Pero, si lo vemos de cerca, el enfrentamiento personal en un juego colectivo es contrario al reglamento. De la misma manera que el lucimiento individual lo es al espíritu de equipo. Por otra parte el cuerpo a cuerpo desarrolla un espíritu antisocial y se practica a espaldas del arbitro, en el limite del reglamento. Desgraciadamente este espíritu antisocial es el ejemplo que suelen dar muchas de las estrellas de los deportes más populares, que provocan incidentes que perjudican el ideal deportivo y la autoridad de los árbitros.

La entrada del niño en el mundo adulto por el camino del deporte es una de las más fáciles. Hay pues que encontrar uno que concilie respuestas para las necesidades de ambos. La solución lógica es un deporte que permita el contacto, con el mínimo de restricciones físicas y que no recurra a la fuerza bruta.

El Judo desarrolla el sentido de la responsabilidad directa. Sin menospreciar el valor educativo de los deportes colectivos, en un juego de equipo no es fácil experimentar el sentido de la responsabilidad sino en  un aspecto atenuado e indirecto. La acción individual se enfrenta al espíritu del propio juego, ya sea en la comisión de una falta o en una actitud egoísta que siempre es criticada por el entrenador. Incluso cuando esa acción ayuda a la victoria, la parte de gloria que corresponde al autor se diluye en la masa del mérito colectivo.

Esto es, por otra parte, la gracia del deporte de equipo. Preconiza el altruismo, pero no aporta nada inmediato al sentido de la responsabilidad individual directa. No satisface directamente la necesidad de afirmación del adolescente. Por eso el individuo, que inconscientemente se siente frustrado, acaba por ponerse en evidencia con esfuerzos o hazañas individuales, lo que frecuentemente es motivo de infracción a la disciplina o a la táctica, bases del trabajo en equipo. El espíritu de equipo atenúa el sentido de la responsabilidad directa. No favorece el sentido del valor personal, de saberse reconocido y apreciado por los demás por sus propios méritos. Limita la iniciativa personal que es el  motor profundo del desarrollo de la personalidad.

En un combate de judo, como en cualquier deporte individual, el judoka asume totalmente la responsabilidad de la derrota o de la victoria. En los pocos minutos de un combate o durante el ejercicio libre del “randori”, el resultado inmediato de su acción y de sus decisiones se suma automáticamente a su experiencia, por medio de la autocrítica. En su memoria, asocia conscientemente su responsabilidad directa con el resultado de sus actos y de su iniciativa.

Y, por último, el judo ofrece las ventajas de los deportes colectivos para la adaptación social, ya que su práctica requiere la colaboración con los otros deportistas, con una actitud favorable. Es imposible aprender sin el contacto directo con varios compañeros y al necesitar la ayuda de estos se acostumbra uno a devolverla. Pero, además, posee las virtudes educativas del deporte individual, especialmente el sentido de la responsabilidad.

El resultado final es que el judo tiene el enorme valor de representar un compromiso total del individuo en sus actos y en su comportamiento, con lo que ayuda a  los niños y a los adolescentes a integrarse de manera armónica en el mundo de los adultos, meta de cualquier sistema educativo.

José Alberto Valverde Mordt

Alicante, Marzo de 2015