Babear y Vomitar

BABEAR Y VOMITAR

vomitos1Aunque no se trate de temas particularmente atractivos, son sin duda frecuente motivo de interés, cuando no de preocupación para los padres. Trataremos de entender sus orígenes, mecanismos e importancia en según qué situaciones.

La parte anterior, superior o entrada del tubo digestivo de los vertebrados superiores, comienza en la boca donde está la primera etapa del procesamiento de los alimentos. Estos son mezclados durante el proceso de masticación con la saliva producida por diversas glándulas dentro de la cavidad bucal.

La producción de saliva es continua, puesto que aun cuando no estamos alimentándonos, existe una descamación continua de células, entre otras, los linfocitos desde las amígdalas, y la salivación se encarga de “barrerlas”, para luego ser tragada.

Tragar o deglutir eficazmente requiere que nuestra boca esté cerrada, (por eso el dentista nos coloca esos aspiradores cuando tiene que trabajar prolongadamente en nuestra dentadura), y si permanecemos con la boca abierta, por ejemplo al respirar por la boca durante el sueño, la saliva tiende a caer fuera, y la boca a secarse.

Esto produce la mancha de saliva en la almohada, y la sequedad es una de las principales causas de halitosis (mal aliento) al despertar.

Durante los primeros meses de la vida, el bebé comienza a desarrollar sus aptitudes sensoriales rápidamente. Esto le sirve para adquirir informaciones detalladas del ambiente, que a la vez estimulan y organizan el desarrollo cerebral.

El tacto es un canal de información prioritario, y el área de mayor discriminación táctil del cuerpo humano es la punta de la lengua, encías anteriores y labios. Por ello para utilizarla, los bebés están condicionados para llevarse objetos a la boca repetida y enfáticamente, a partir de los 2 a 3 meses.

Contra lo que se suele creer, este afán instintivo de llevarse cosas a la boca y explorarlos compulsivamente con su lengua, labios y encías no está causado por el inicio de la dentición (que a veces coincide en la misma época, pero no necesariamente).

De hecho, la conexión mano-boca existe de antemano, y es fácil de probar. (Restriegue la palma de la mano de bebé recién nacido, y verá que comienza a fruncir los labios y a mover la lengua entre ellos).

El “babeo” asociado al proceso de “exploración oral”, no tiene como digo, especial relación con la erupción de los incisivos, sino que se debe a que para poder mover la lengua con libertad para recorrer los objetos explorados, es necesario entreabrir la boca, y manteniéndola así, la saliva no puede ser tragada, sino que tiende a caer. Por ello se han inventado los “baberos”, cuya utilidad persiste mientras dura el afán de exploración oral.

Una curiosa tradición de medicina popular , sugiere que es “perjudicial” secar o limpiar la barbilla del bebé. Desconozco el origen de esta conseja, pero no tiene mas valor que el folklórico.

El objeto de exploración, puede ser cualquiera que esté a su alcance, como el dedo de alguien, o el propio, pero también pueden ser estructuras novedosas, como un diente que haya aparecido recientemente. A veces, el interés por explorar el borde de un dientecillo nuevo con la lengua es de tal intensidad que ésta llega a sufrir algún pequeño corte.

Como es obvio, no tiene objeto ni interés, el combatir el hábito de la exploración oral, como si fuera un “vicio”.
Mas bien hay que promoverlo, dejando al alcance de las manos del niño, objetos adecuados: Esto es no demasiado pequeños (mayores que el tamaño del puño del niño, o para más seguridad, mayores de 3x3x5cm), con una superficie limpia, de textura interesante, sin partes ni pinturas susceptibles de desprenderse.

Y obviamente, NO DEJANDO al alcance del bebé objetos riesgosos. (Muy pequeños, puntiagudos o afilados, frágiles ante el mordisqueo o chupeteo tenaz, etc.)…

La deglución de la saliva es automática, y solo necesita la boca cerrada periódicamente y una buena coordinación neuromuscular.

La inadecuada coordinación puede provenir de una alteración neurológica o madurativa, y falta de control de la saliva. Por ello, el signo suele a veces inquietar a la familia. Pero ésa no es ni con mucho, la causa más frecuente de “babeo” más allá de los 12 meses de vida.

Los hábitos de “succión no nutritiva” (chupar un chupete, chuparse el dedo), son normales durante el desarrollo. Pero si se prolongan más allá del segundo ó tercer año, pueden condicionar una falta de tono en los músculos que operan cerrando la boca, al obligar a ésta a permanecer entreabierta durante muchas horas al día.

Esta falta de tono, mantiene la boca abierta, aun cuando no se esté succionando nada, particularmente durante el sueño.
Como ya hemos dicho, esto predispone al “babeo” de saliva, en ausencia de cualquier problema madurativo.

Respiración bucal.

Al nacimiento, los seres humanos somos relativamente “cabezones”, o sea, la parte del cráneo que contiene el cerebro, es proporcionalmente mayor que la parte que estructura la cara.

El desarrollo de ésta tiene dos componentes, fácil de comprender si se recuerda la imagen de un casco de soldado griego, con dos prolongaciones para proteger las mejillas, y una prolongación desde la cabeza, para proteger la nariz.

El crecimiento facial se hace durante los primeros años, fundamentalmente a expensas de los procesos laterales, y a medida que se pasa de los 5-6 años, pasa a prevalecer el crecimiento hacia los lados y abajo del proceso central, y la cara se tiende a ensanchar.

Por eso hacia esa edad, vamos dejando de tener “cara de bebé”. En esto hay personas con una estructura facial “menudita” donde estos rasgos predominan aún cierto tiempo.

El problema es que las estructuras linfáticas (amígdalas y adenoides), suelen tender a agrandarse durante los períodos de escolarización de los niños, cosa que tal vez la Naturaleza no preveía que ocurriera.

Estando estos órganos linfáticos en la línea media, se comprende fácilmente que durante algunos años, haya una cierta incompatibilidad de espacio entre órganos linfáticos agrandados o “hipertróficos”, y el sitio disponible, que tardará en ampliarse aún un par de años o más.

Esto da como resultado una serie de “patologías obstructivas” que mas podrían considerarse un problema de “hacinamiento de estructuras”.

Consecuencia de ello son:
-La dificultad de respirar por la nariz, porque la adenoides obstruye la comunicación posterior de ésta con la faringe,
-El tono de voz “hipo nasal”, porque los sonidos producidos en la laringe, no pueden ascender para resonar en las cavidades de la cara (lo que da el timbre peculiar a cada voz humana).
– Ronquidos inspiratorios (por la vibración del paladar blando al pasar obligadamente el aire por la boca en vez de por la nariz).
– La pérdida de “sabor” (olor en realidad) de los alimentos, porque las sustancias volátiles de la comida no pueden ascender hasta la mucosa olfatoria.

Respecto a lo que nos ocupa, ésta es una causa frecuente de salivación involuntaria nocturna.

Otras causas: Si un niño de más de uno o dos años, que no tenía tendencia a salivar involuntariamente, comienza a hacerlo más o menos permanentemente, en particular si ocurre durante las horas de vigilia, esto puede tener varios significados a considerar:

Puede significar que la producción de saliva es normal, pero la deglución automática es débil, dificultosa o dolorosa.
Una “angina” puede dar un período breve de deglución dolorosa y “babeo”. Pero si el síntoma aparece más o menos rápidamente y se prolonga durante semanas, puede deberse a situaciones de cierta importancia.

Podría estar condicionado por enfermedades neuromusculares o intoxicaciones, siempre en combinación con otros signos de debilidad o incoordinación.
Pero, es mucho más frecuente es que su aparición se relacione con lesiones u obstrucciones del tubo digestivo alto, en particular el esófago.

Podría deberse por ejemplo a un cuerpo extraño ingerido inadvertidamente, que haya obstruído o lastimado el esófago (como un hueso de pollo o una espina de pescado). O también las lesiones de quemadura (“esofagitis”) producidas por el paso anormal y frecuente de contenido gástrico muy ácido hacia el esófago.

Esto último se conoce como Reflujo Gastro-esofágico. En sus formas patológicas sus síntomas pueden incluir entre otras cosas, dolor torácico o salivación profusa e injustificada.

Reflujo Gastro Esofágico:
La unión entre el esófago y el estómago es extraordinariamente importante porque separa un órgano de revestimiento sencillo (el esófago), de otro (el estómago) donde al producirse las secreciones mas ácidas del organismo, el tapizado esta extraordinariamente adaptado para protegerse de ellas.

Es de imaginarse la importancia que tiene que el flujo de sustancias se haga siempre en la dirección precisa, y lo contraproducente que lo haga en sentido inverso.

De impedir esto, se encargan los movimientos propulsivos del propio esófago, que deben estar coordinados con los de la faringe y el estómago, y la existencia de un par de mecanismos de cierre asociados a la zona de unión entre el esófago y el estómago.

Cuando alguno de estos mecanismos falla o resulta insuficiente se produce un retorno del contenido gástrico (Reflujo Gastro-Esofágico).  Esto no es en si mismo un problema, porque en ciertas circunstancias y en las primeras épocas de la vida, todas las personas tenemos de ello algún grado grado.

La cuestión es la medida en que ello ocurre, o si determina alguna consecuencia negativa.

Si los mecanismos de cierre fueran perfectos y eficacísimos, nadie podría vomitar. Ello sería evolutivamente muy peligroso, porque en la Naturaleza, el probar nuevos alimentos puede ser una necesidad imperiosa, y la reacción física de vomitarlos ser un mecanismo protector imprescindible para evitar sus potenciales efectos tóxicos.

Entonces el Reflujo Gastro-Esofágico, es el resultado de un compromiso entre dos requerimientos contradictorios entre sí, debido a que necesitamos conservar la posibilidad de vomitar en mayor o en menor medida.

La suficiencia de los mecanismos de cierre, varía entre personas, como varía la “facilidad para vomitar”. Ello es necesario pero no suficiente para que se produzca un reflujo G-E “patológico”, habiendo otros factores que lo condicionan (obesidad, postura, hábitos alimenticios, enfermedades asociadas, etc).

Por tanto vomitar puede ser un síntoma de relevancia, anuncio o componente  de decenas de enfermedades  leves o graves,…o ser un gesto aislado, fácil y consentido por la propia persona.

Hay niños que de tan fácil que lo tienen, adquieren hábitos de “rumiación” o “mericismo”, esto es, son capaces de volver sin esfuerzo alguna cantidad de comida a la boca, o vomitar si las circunstancias sugieren alguna ventaja de hacerlo.

Alguno he conocido, que como un “recurso” más de llamada nocturna, vomitaba sistemáticamente si los padres tardaban un poco más de lo habitual en acudir. Lo cierto es que el niño estaba completamente sano, y esto no ocurría más que de noche, y en ninguna otra hora ni circunstancia.

A veces, durante algún “berrinche” intenso, se pueden observar los esfuerzos evidentes para vomitar de quien lo sabe provocar más o menos fácilmente. Una tos profunda puede suscitar náuseas, y en algún caso desencadenar un vómito, por la vecindad de los centros que coordinan ambos reflejos, y de los receptores que los estimulan. Pero no es cierto que las secreciones respiratorias no expectoradas lo provoquen.

Obviamente, los progenitores tendemos a considerar poco concebible que nuestro hijo haga algo tan dramático y desagradable de forma voluntaria. Pero ninguna enfermedad que se respete, produce solamente un vómito diario, aislado de cualquier otro signo previo o posterior, y en medio de absoluto bienestar físico.

Existen entidades clínicas más o menos oscuras y mal comprendidas, asociadas a episodios repetidos y tenaces de vómitos. Son los llamados vómitos “cíclicos”.

Son cuadros complejos, que afectan durante días enteros a algunos niños y adultos jóvenes. Y se repiten periódicamente sin una causa evidente que los desencadene.

Eran conocidos en el pasado como “vómitos acetonémicos”, pero esta denominación es producto de un malentendido. La elevación de la “acetona” en la sangre u orina, es sencillamente la consecuencia del ayuno que los vómitos condicionan, y no tienen relación alguna con su provocación.

A veces se etiquetan transitoriamente como tales, a ciertas enfermedades metabólicas hereditarias, cuadros migrañosos, alergias alimentarias , pero los vómitos cíclicos “auténticos” son de diagnóstico incierto, y tratamiento difícil.

Cuando por ésta o por cualquier  otra causa , los vómitos se suceden tenaz e incoerciblemente, es obvio que por una parte, esta saliendo líquido del interior del cuerpo, y por otra se está obstaculizando su ingreso.

Podemos pasar sin peligro varios días sin comer, pero solo toleraríamos a los sumo, algo mas de un día sin beber. Por tanto en cualquier circunstancia que esto ocurra, es crítico asegurar un aporte de agua suficiente, por la vía que sea , y lo antes posible,

Carlos Loeda.